Pájaros que se psicoanalizan.

Durante mi vida he tomado diversos tipos de terapias. Psicológicas, neurológicas, psiquiátricas, alternativas: ayurveda, mindfulness, meditación, tarot terapéutico, temazcales curativos, (etc y etc).

Cuando se lo cuento a la gente, por lo que general abren un poco los ojos y asienten, como aprobando que alguien vaya a terapia, como si ir a terapia fuera algo que se debe aprobar. Casi siempre este tipo de conversación se encamina a hablar de lo bueno que es ir a terapia, que todos deberíamos de ir, y la mayoría de las veces cuando preguntas si ellos van a terapia, te dicen que no. (-.-)

Es cierto, todos deberíamos ir a terapia. Pero la mayoría no lo hace. Las razones son múltiples y las entiendo casi todas: no es fácil. Para mí, decidir salir de tu zona de confort es uno de los círculos del infierno de Dante Alighieri. Tal vez algunos no sienten el arrojo de platicar con alguien de verdad y a profundidad de lo que hay en su cabeza, y también muchos otros no van a terapia porque sinceramente les preocupa “el qué dirán”, porque bajita la mano, la mayoría de las personas creen que los que van a terapia están locos, o tienen problemas mentales, o no son personas normales. Lo cual es paradójico: todas las personas normales tienen temas por resolver en sus cabezas. Es inherente a la existencia humana. Sólo que para algunos, la forma de desaparecer al señor monstruo es negando su existencia, lo cual no es algo que juzgue como bueno o malo, de hecho, a mí me parece que dicha técnica funciona hasta cierto punto, durante cierta cantidad de tiempo, y también muchas veces con resultados catastróficos que pudieron haberse evitado si se hubiera asido al toro por los cuernos desde el principio. Pero cada quien.

En lo personal, me parece atractivo que las personas vayan a terapia, porque me habla de una persona que por lo menos, está intentando mantener en forma su mente, al igual que me parecen atractivas las personas que se ejercitan, las que sienten pasión por los deportes al aire libre, los que tienen sed de respirar aire de montaña. No sé si los que son de inflar sus músculos levantando pesas en el gimnasio me parecen taaan atractivos, pero definitivamente me parecen mejores que los que no están dispuestos a mantenerse en forma de ninguna forma. Valga la redundancia. 

Pero este sólo es mi parecer, que dentro de muchos otros pareceres, puede parecer correcto o incorrecto.

La cuestión es que en este momento empecé un ciclo de terapia psicoanalítica. De todos los tipos de terapia que he tomado, me parece una de las más difíciles. No es la primera vez que intento recorrer los caminos del psicoanálisis, pero la vez pasada dejé la situación a la tercera/cuarta  sesión, no porque no sintiera que estaba llegando a lugares, si no porque no me sentía lista. Confrontarse con tantas realidades no es una zona cómoda y definitivamente, se necesita cierto tipo de fortaleza para continuar.

Es difícil, pero también ahí está el alivio. Cuando sales de terapia con una conciencia nueva sobre ti. Cuando puedes admitir la raíz de tener tal o cual pensamiento y por lo mismo sentirse de tal o exis forma. Cuando reconoces el origen de tu actuar. Cuando puedes aceptar que esas lágrimas que se te salieron no era por lo que estaba ocurriendo en el momento, ni por lo que estaba literalmente haciendo la persona que tenías enfrente de ti, si no por toda una cadena de situaciones inconscientes. Hay alivio en descifrar el inconsciente.

A veces siento miedo. Miedo de tener que admitir cosas que en realidad nadie quiere admitir, miedo de aceptar los dolores y como tal resignarse a su existencia. Pero también ahí es donde siento un tipo de alivio duradero. En la aceptación.

Por ahora, es todo lo que puedo contar de este nuevo camino que decidí tomar hace unos días. Explorar un poco por acá. Mientras no me olvido de todo lo demás, de la meditación, de los libros a mi alcance, del tarot terapéutico, del yoga, de las sesiones de coaching y de lo bien que me hace pasar varias horas al día en mi bicicleta pensando en todo lo que voy dejando atrás mientras pedaleo.

Así que, si tú estás leyendo esto y estás pensando en tomar algún tipo de terapia, pero tienes temor, aún no estás seguro o te da pena, yo sólo podría decirte que te avientes, que decidas dar un paso al vacío. Lo peor que puede pasar es que tengas que reconocer que estás loco.

Pájaros que cantan de noche IV

La única magia que tengo es la de nombrar.

Nombrar los sueños, las ideas.

Es una gran magia. Soñar nombrando es el primer paso.

Imaginarlo.

Plantearlo.

Después, hace falta creérnoslo para creárnoslo. 

Pero en eso también soy experta. 

Aprendí en el camino.

Entre soñar y realizar, y todos los dolores que pasaron por en medio. También todas las risas.

Porque soñar es seguro, volver realidad los sueños es un país distinto. Uno en el que todo puede pasar, y en el que además: todo termina pasando.

Por eso me gusta nombrar.

Por eso me gusta preguntar.

Porque tengo el don de crear. 

Crear mundos nuevos, veredas floridas. Caminos de dios.

Creadora de los pájaros que cantan de noche y observadora de todo lo demás.

Pájaros que cantan de noche III.

Cerrar los ojos.

Para verte. Para sentirte.

Recordar cruzar miradas.

Recordar sentirte.

Donde mis manos podían tocarte.

Cerrar los ojos.

Como único recurso.

Para reanudar el futuro.

Reanudar el tiempo.

Que se detuvo.

Ante mis ojos, ante los tuyos, ante los del mundo.

El mundo se apartó, se ausentó.

El futuro se volvió nostálgico.

Y esa no fue la única paradoja.

El pasado se volvió presente.

Porque el presente se detuvo.

Por eso, de noche, por la ventana de los ojos cerrados. Te busqué.

Así como se busca a los pájaros.

A los pájaros que cantan de noche.

Pájaros que cantan de noche II.

Buscar donde no hay nada para encontrar.

Mirar abajo, mirar arriba, pensar y no hablar.

Desear y no actuar. 

No moverse porque todos los movimientos son falsos.

Ilusiones que no llevan.

Caminos que no conducen.

Surgimientos que no eran inicios.

Emociones que eran ficciones.

Personajes que no existen.

Un guión sin lector.

Un discurso que estoy cansada de repetir.

¡Que se abra el telón, que se caigan las ideas, que no tengo nada más que decir!

No hablarás de la magia en vano.

In-finito

Háblame de lo real. De lo existente en tiempo presente, de lo finito en tiempo futuro, porque en esas líneas me muevo. 

Es esta existencia que inició y tendrá fin.

Es ahora, no mañana, no ayer, donde te quiero sentir. Donde quisiera que subieras al escenario a recitar poemas de media noche.

Como pájaros…

…que cantan de noche.

Fin del mundo 2020

Soy nadie. La autoridad moral con la que escribo esto es de alguien que en medio de su existencia, se le cruzó una pandemia. Alguien regular, con sueños y dificultades comunes.

Todo esto lo digo a modo de presentación, y a modo de conclusión: de una vez les advierto que cuando acaben de leer esto, sólo habrán obtenido la opinión de un humano regular.

Pero ¿qué más da si soy alguien o no soy alguien? El orden mundial de las cosas está cambiando, se hablará de estos días en los libros de historia, los humanos nos acordaremos del 2020 como el año en el que tuvimos tanto miedo de algo que no podíamos ver, que nos tuvimos que esconder. Suena a historia de terror, excepto porque es real. Hasta cierto punto es real. Hasta cierto punto es de terror.

Humanos del futuro: por favor, no vayan a creer que el Fin del Mundo fue como lo idealizamos y romántizamos durante tantos años, quisiera decirles otra cosa, pero la realidad es que el Fin del Mundo del 2020 no fue como lo imaginamos en las películas, ni en las obras de arte, ni siquiera como los psíquicos nos advirtieron que sería. Es decir, el fin del mundo estuvo hasta cierto punto de hueva. 

El Fin del Mundo fue más una escena infantil, en medio de la noche y sus tinieblas, cuando te cubres con las sábanas, porque tienes miedo de lo que hay afuera, de lo que no puedes ver, pero de alguna forma sientes. Así, pero de la vida adulta.

Habemos algunos que no hemos podido quedarnos del todo debajo de las sábanas, porque aunque sabemos que si nos calmamos podremos respirar, el aire se nos acaba, nos sentimos sofocados, necesitamos bocanadas de aire frío, aunque ello podría resultar en una pérdida irreparable. En una enfermedad para nosotros, pero también para los que amamos. Nos llaman irresponsables.

Otros han actuado estoicamente, criticando desde sus redes sociales, compartiendo información que ni ellos mismos leen completa y que solo sirve para que en el internet de las cosas haya más confusión. 

Unos han actuado en negación. Otros han sido más funcionales que nunca. Siempre que hablas con ellos están “tapados” de trabajo. Algunos han desdeñado la situación y otros más han cundido en pánico. Muchos tienen papel higiénico suficiente para el resto de los siguientes finales del mundo.

Lo cierto es que todos hemos estado viviendo de incertidumbre, pero no es que la vida no haya sido incierta desde siempre, si no que la incertidumbre ocupó las planas de todos los diarios de todo el mundo de todos los twitters de todos los Presidentes de todas las Naciones, de todas las pláticas.

¿Yo?

Yo me siento azul. Nunca me gustó que la comunicación con otras personas tuviera que ser por medio de pantallitas, antes de que todo esto pasara ya criticaba el tiempo excesivo que pasamos pegados el teléfono. Pero los tiempos nos dieron a todos en la cara, no nos está quedando de otra, todo está pasando por conferencias telefónicas, por llamadas virtuales, los humanos hemos dejado la realidad y brincado a la virtual. Espero que después de esto todos valoremos mucho más el tiempo real y podamos dejar nuestros teléfonos de lado.

La realidad es que todo esto del Fin del Mundo es un desmadre. Todo empezó por posponerse y no sabemos si decir posponer sólo es una forma de no deprimirnos de todo lo que ya no vamos a hacer. No sabemos cómo será volver a estar con muchos humanos en el mismo lugar. ¿Conciertos?, ¿Fiestas?, ¿Restaurantes?. Pero cuando acabe, seguro el mundo no volverá a ser el mismo. Todos tendremos nuevas preguntas, y cubrebocas.

Pero justo ahí está el punto. Este podrá ser el Fin del Mundo, pero los que hemos vivido varios finales, sabemos bien que cuando los mundos se acaban, siempre vuelven a empezar nuevos mundos.

Así que si tenemos suficiente suerte, nos vemos en el siguiente mundo.

Tiempos de…

Son tiempos de ver adentro.

De reconocer lo que hemos construido. Sin saberlo, todos nos hemos estado preparando para este momento.

Son tiempos de permanecer adentro y conscientes.

Tiempos de reconocer.

Son tiempos de conectar a distancia.

Tiempos en los que la única certeza que tenemos es que nada volverá a ser lo mismo.

Algunos no vamos a salir vivos de esta.

Es tiempo de agradecer. Lo que fue, lo que es y lo que será.