No quiero una caja.

No quiero escucharlos, no quiero porque no saben nada.

Porque todo el tiempo todos quieren poner todo en orden, clasificarnos, darnos un nombre, decidir cómo tiene que ser.

Como si la vida pudiera ser un ritual, como si todo en el universo pudiera y debiera clasificársele, dársele un nombre, encuadrarlo a lo que es, porque hasta la locura está clasificada.

No puedo y no quiero. El método científico sólo ha comprobado que los humanos somos una plaga terrible, el método científico sólo nos ha dado herramientas para ser más terribles aún.

El amor, lo que siento, lo que es, lo que veo, no cabe en sus diccionarios, en sus enciclopedias, en sus universidades, en lo que debe de ser porque así lo dice la ley, porque así lo dice el terapeuta, porque así lo dice el mundo de las  personas cuerdas.

Sólo me confunden más, sólo me dan ideas que no quiero tener. No quiero escucharlos, no quiero clasificarme, no quiero que todo tenga una ley. No quiero que mi amor por él sea algo que mi psicóloga pretenda entender mejor que yo, no quiero estar loca por no pensar como todos, no quiero estar loca por decir lo que siento, no quiero pensar que estoy loca por sentirme como me siento. Sólo quiero que el sol salga en la completa calma de hacer lo que sea que quiero hacer, y se meta con la satisfacción de haberlo hecho.

No quiero que nadie me vuelva a decir cómo me tengo que sentir, a dónde tengo que ir, cómo me tengo que reír, qué tengo que pensar, no quiero que nadie sienta que mis zapatos son más fáciles de llevar que los suyos. No quiero que nadie me vea, quiero que todos se vean y se encarguen de sus asuntos, en lo que yo me encargo de los míos.

Hoffen

En el mundo existen dos continentes, en uno de ellos sale el sol todos los días, el viento transcurre fresco, las tardes son seguidas con apacibles atardeceres y las olas del mar arrullan todos los sueños.

En el otro continente todo es distinto, las noches son seguidas por más noches, la gotas de lluvia son de lagrimas y el único mar que se ve ahí está lleno de pesadillas y de sentimientos pesados. Todo se hunde en ese continente.

En el mundo sólo hay un habitante, sólo está ella, con sus ojos grandes y sus zapatos rojos. Ella se llama Hoffen, ella es el barco que nunca llega a la isla y la isla a la que nunca llegan barcos.

A Hoffen le gustaría poder dormir todo el tiempo, pero le dan miedo las pesadillas. Pesadillas en las que se encuentra en el mundo oscuro, en el que nunca sale el sol, el mundo en el que nadie quiere estar, pesadillas en las que hay fantasmas que arrancan su corazón, que la parten en dos, pesadillas en las que llorar no es suficiente. En el continente oscuro están la tristeza, la decepción, la frustración y no hay amor.

Todos se preguntan por qué Hoffen no vive en el otro continente, en el que las gotas de lluvia son dulces, pero es que nadie sabe que en el mundo soleado es imposible vivir cuando se está solo, porque esa tristeza de no tener con quien compartir lo bello, es peor que cualquier otro de los sentimientos que habitan el mundo oscuro. En el mundo soleado Hoffen está más sola que en ningún otro lugar, ahí tampoco hay amor.

A Hoffen le gustan las historias de princesas que le contaban cuando era más pequeña, le gusta pensar en esos príncipes, en esos castillos, en esos lugares en los que el amor existe, le gustaba cerrar los ojos e imaginárselo todo, imaginarse el amor, la compañía, las risas.

Hoffen quería ser bonita, se imaginaba que de esa forma el día en el que por fin, quizás perdido, quizás en busca de ella, un  barco tropezara con el mundo, el barco se quedaría para siempre, y por alguna extraña razón, ella suponía que los barcos siempre venían cargados de amor.

Un día pasó, Hoffen lo sintió, el barco llegó, Hoffen estaba alegre, sacó sus mejores vestidos, preparó su mejor sonrisa, se veía un barco, y el barco venia directo a su mundo.  Hoffen nunca se había sentido así.

Cuando el barco llegó a tierra firme, Hoffen pensó que por fin el continente oscuro se había desvanecido, se había borrado. Brincó y saltó y sonrió, por fin había llegado el día más feliz de su vida. Hoffen nunca había pasado más de unos días en la isla soleada, pero esa vez, pasó tres largos meses, con sus noches, con sus días, Hoffen se sentía acompañada, Hoffen se sentía alegre, Hoffen escribió cuentos más bonitos que este y se vistió todos los días con sus ojos color felicidad.

Pero pasó lo que tenia que pasar, un día Hoffen despertó en el continente oscuro, mientras llovían lagrimas, mientras el aire asfixiaba. El barco se había ido.

Hoffen se sintió ridícula y llorona, le dieron ganas de romper todo, pero en el continente negro todo está roto, no hay nada que romper, Hoffen sintió coraje, ansias, desilusión, Hoffen sabía que el barco se había ido porque había andado por ahí, navegando por el mundo, como si no hubiera ningún peligro. Hoffen supo que el barco se había ido porque en una de esas excursiones encontró al continente oscuro, se asustó y prefirió seguir en alta mar, en busca de mundos, que quedarse en este mundo.

Pero Hoffen no quería quedarse callada, así que escribió su historia, la puso en una botella y la arrojó a las estrellas, pensando que quizás así algún barco curioso encontraría la botella y se enamoraría de la historia. Quizás iría en busca de ella, y llegaría con lo único que Hoffen necesitaba, mucho amor. Quizás un día Hoffen se despertaría para vivir su sueño.

La tragedia

Las noticias llegaron poco a poco. Una gran tragedia, sobre los más desprotegidos, los que menos tienen. Son noticias sensibles que a cualquiera conmueven, tanta gente muerta, tantos quemados, tantos niños, tantas personas que perdieron lo poco o casi nada. Fue terrible.

El martes 7 de mayo del 2013, en la carretera México-Pachuca, a la altura de San Pedro Xalostoc, uno de los dos cilindros de una pipa de gas se desprendió, chocó contra un muro de contención y explotó. Las casas, los autos, los camiones, las personas, se incendiaron, el infierno se hizo tierra por unos instantes,  y esa es la parte de la tragedia que no necesita ser contada, las fotos lo dicen todo, fue un accidente terrible y lo que se habla a partir de ahí suena a morbo, suena a hablar del sufrimiento obvio del muerto, pero desgraciadamente de la tragedia de la que si deberíamos hablar y no por morbo, es de lo que pasó después del accidente y de lo que sigue pasando mientras escribo esto, porque esa es la tragedia que a todos los mexicanos nos toca, esa es la tragedia que nos involucra a ti y a mi directamente, como ciudadanos mexicanos, como los que pagamos los sueldos de nuestros funcionarios.

Ni tardo ni perezoso, el gobernador del Estado de México, el nada honroso Eruviel Ávila, empezó una campaña que en lo personal me parece una falta de respeto imperdonable hacia el pueblo mexicano, su actitud de héroe ante la tragedia deja mucho que pensar, porque no ha habido canal de noticias o periódico, en el que no se mencione lo bondadoso que ha sido el gobernador, al dar todos esos apoyos a los que están viviendo la tragedia de haber perdido sus casas, sus autos o sus vidas, pero no se nos olvidé que esos apoyos salen de nuestros bolsillos, de tuyo y del mío, del bolsillo de todos los que pagamos impuestos, sin embargo, en los noticieros le están dedicando largas horas a las conferencias de prensa del Gobernador Eruviel Ávila, los periódicos sacan 10, 15, 20 notas al día, en las que se habla de su bondad, del recorrido que hizo en la zona, incluso, se le dio cabida a sus declaraciones impertinentes en las que aseguraba que la pipa iba a exceso de velocidad, cuando los peritajes correspondientes no se han llevado a cabo, ¿qué tal si fue un accidente?, ¿si el chofer iba a una velocidad pertinente? Hay accidentes que son inevitables.

Pero tampoco me mal interpreten, es obvio que los mexicanos que murieron o tuvieron pérdidas físicas o materiales importantes deben recibir apoyo de cada uno de nosotros, porque por eso somos una Nación, porque por eso somos los “Estados Unidos Mexicanos”, lo que está mal aquí es la forma en la que el Gobernador Eruviel Ávila se está haciendo propaganda, ¿quiere ser candidato en 6 años? Y que los pobres lo recuerden por el gran apoyo que brindó, pero se les olvida que el dinero que está repartiendo existe gracias a nuestros impuestos y que además es su trabajo repartir esos apoyos, es su trabajo estar el día de la tragedia, no es un héroe, es un mexicano al que todos le pagamos por medio de nuestros impuestos para que haga su trabajo. Él no le está regalando nada a nadie.

Debo aclarar que estos pensamientos me vinieron desde ayer mientras veía las noticias, al ver la forma en la que estaban presentando el héroe inventado de esta tragedia, al ver que los minutos del noticiero de la tarde transcurrían y de lo que más se hablaba era de él, de Eruviel, de su bondad. Da coraje, pero lo que realmente generó el coraje para escribir este post, fue la noticia que leí hoy en la mañana: Eruviel declarando que ya se le había dictado auto de formal prisión al chofer de la pipa, que por fin él haría justicia y se llevarían al “malo”, al “culpable”, a un “Centro de Readaptación Social”, en donde hay de todo, menos readaptación. Y entonces viene la verdadera tragedia, porque aunque aún no sabemos si el chofer iba a exceso de velocidad, es inevitable para mi pensar en el chofer que probablemente recibía el sueldo mínimo, que seguramente no quería que esta tragedia pasara, que no agarró una pistola y mató a nadie, que no robó, violó, secuestró a nadie, y que va  tener que convivir con personas que si lo han hecho, seguramente aprenderá nuevos trucos, pero si hay que conseguir un culpable, mejor que sea uno pobre.

Pero el chofer también es una víctima, es víctima del sistema, porque aunque la responsabilidad de que la pipa estuviera en buenas condiciones es de la gasera, aunque él hubiera tenido la presión de su jefe por llegar a cierta hora, los dueños de la gasera, los que tienen dinero, ellos estarán en sus casas, ellos dormirán tranquilos, al final, el sistema sólo se chinga a los pobres, ¿o no? Y mientras el SúperEruviel está poniéndose su estrellita en la frente, ¡qué todos vean que es un héroe!, ¿héroe por hacer su trabajo?,  ¿trabajo por el que además le pagamos?. Yo no sé ustedes, pero a mi estos pensamientos me estresan.

Por otro lado pienso y repienso, ¿en qué momento se nos ocurrió tener casas a un lado de una carretera?, ¿no les parece que esa también es una tragedia?, porque en muchas partes de México se vive como se puede, dónde se puede y porque los gobernantes que claramente no hacen bien su trabajo lo permiten. ¡Qué se construyan casas a un lado de la carretera!, al fin son los pobres los que viven ahí, los que no importan. Y así pasa con cada tragedia de este tipo en nuestro país. Se construyen casas ilegales que luego se vuelven legales a vista gorda de nos administradores públicos, para que después llegué la inundación y la tragedia, que se construyan en laderas, para que haya derrumbes y venga la tragedia. No importa, al fin los quemados, los ahogados, los muertos, nunca son gente con dinero y por lo tanto con voz, y si lo son, los escondemos debajo de la cama.

Yo no sé a ustedes, pero a mi México me duele todos los días, en los que veo que poco puedo hacer, quizás escribir, quizás hablar, quizás seguir trabajando, pero sabiendo que mientras la mayoría de los mexicanos sigamos dormidos, recibiendo atole con el dedo y recibiendo información de los periodistas de mierda que tenemos, pues todo va seguir igual o peor. Ojalá algún día nos cansemos de pagarles a personas como el gobernador Eruviel Ávila, alias “el héroe”, y contratemos administradores públicos que no busquen el poder, sino el bienestar, ojalá que algún día apaguemos nuestros televisores y dejemos de alimentar a los que sólo nos engañan. Ojalá…

#YOSOYMEXICANO

…y a todos se nos olvidó.

A todos se nos olvidó el coraje, se nos olvidaron las ganas de cambiar las cosas, se nos olvidó el espíritu joven e idealista. Hace menos de un año, a donde fueras todos estábamos hablando de esto, de México, de lo que no queríamos, de lo que queríamos cambiar.

Se les olvidó a los de la Ibero, a los de Yo No Soy 132, se nos olvidó a todos y lo grave no es olvidar, lo grave es el silencio en el que nos hemos sumido, lo triste son los pasos hacia atrás que estamos dando, lo desesperante es lo ricos que algunos se están haciendo y los pobres que la mayoría nos estamos haciendo.

Al principio parecía que los jóvenes estábamos de luto, en depresión, con el corazón roto, muchos pensamos que México podría cambiar, muchos teníamos esperanzas y todos nos dimos cuenta de que en nuestro país el autoritarismo había ganado una vez más.

Es normal sentir ese coraje, esa impotencia, es normal sentirnos derrotados, lo que no es normal es ignorar lo que somos, es darnos por vencidos, es olvidar nuestros ideales. México es nuestro país, nuestro lugar, los que nacimos y crecimos aquí no somos de otro lugar que no sea de aquí, somos mexicanos, estás son nuestras tierras, de aquí son nuestros abuelos y probablemente nuestros hijos sean de aquí, no podemos dejar que todo se vaya a la mierda, no podemos dejar que unos pocos hagan lo que quieran con la riqueza de todos, no podemos dejar que la televisión nos distraiga con las burlas constantes que le hacen a nuestro Presidente, porque mientras todos estamos burlándonos de que se quedó dormido mientras velaban a Hugo Chávez, unos pocos están robándonos, se están llevando nuestras cosas, están vendiendo nuestro trabajo, están callándonos, están controlándonos. Esto es México, y no sé ustedes, pero yo estoy harta de ser el eterno país en vía de desarrollo, cuando todos somos ricos, cuando todos los mexicanos somos dueños de paisajes hermosos, de recursos naturales admirables, de gente trabajadora, de petróleo y de mentes brillantes con ideas brillantes para dejar de depender del petróleo. México, nuestro México está y estará donde nosotros queramos que esté, así que mientras sigamos en este eterno silencio, México seguirá siendo eterno paraíso para los pocos ricos y eterno infierno para los muchos pobres.

Yo sólo quiero que el dinero esté mejor distribuido, yo sólo quiero que el gobierno use mis impuestos para que no haya niños pidiendo dinero en la calle, para que los policías no sean algo a lo que le tengamos miedo. Yo sólo quiero que dejen de usar mis impuestos para pagarle a diputados y senadores que no trabajan, yo sólo quiero que cosas como el robo que hizo la ex alcaldesa del Municipio de Naucalpan no sea algo que todos saben y algo en lo que nadie hace nada. Yo no quiero que sigan haciendo con nosotros lo que se les da la gana.

Nosotros les pagamos a nuestros gobernantes, al Presidente, a los Policias, a los Diputados, Senadores, Jueces, Ministerios Públicos,  etc, etc. Son nuestros empleados, viven de nuestro dinero, que nos sirvan, que trabajen para nosotros, que hagan su trabajo tal cual se los mandamos.

Es demasiado triste, ver que unos cuantos vándalos toman la Rectoría de mi Universidad y que eso se confunda con revolución, que eso se confunda con cambio y sea así porque no hay cambio de verdad, porque en nuestro país no haya revolución de verdad, porque la realidad es que los mexicanos estamos calladitos y manipulables. Mexicanos, somos más inteligentes que eso, o de menos eso quiero creer cuando escribo esto, aunque cuando recuerdo nuestra historia me entra la duda.