¿Amigos?

 

 

La tarde de un verano en el que iba caminando, un día que podría caber en la vida de cualquier mortal. Cualquier empleado de oficina que vive soñando en las vacaciones que dependen de la autorización del jefe.

Era domingo, el sol hacia lucir a los árboles sus mejores capas, la ciudad se olía tranquila, no había autos, el tráfico se encontraba descansando, quizás había decidido quedarse en cama hasta tarde, enpiernado con quien sabe qué amorío.

Yo caminaba al metro, yo tenía el alma nublada, yo intentaba poner atención en los sonidos que mis audífonos insertaban en mi cerebro, pero no se podía, así somos los hipersensibles. Me quite los audífonos y seguí caminando, se escuchaba el aire, se escuchaban las pláticas de otros transeúntes, de otros mortales.

Di la vuelta en una esquina, y entonces lo escuché, era él y era ella, eran desconocidos. Él escuchaba y ella decía –podemos ser amigos– . Me salió una carcajada profunda y cruel, dos desconocidos, hablando lo que tú y yo habíamos hablado momentos antes.

De lo profundo de mi ser salieron las ideas, y por fin las lágrimas. No, no podemos ser amigos, no, la amistad no se pide, no, no puedo ser contigo lo que soy con mis amigos, no mundo, no se puede, la amistad es la fuente que brota sin que ni siquiera dios ponga sus ojos en ello. No, no voy a ser tú amiga, y no, tampoco serás mi enemigo.

La vida se cuenta en veranos…

Salt

Vivo matando sentimientos, porque crecen, porque se vuelven incontrolables y porque lo único coherente que se me ocurre es matarlos, siempre los mato.

Los mato cuando me siento demasiado cerca de las personas, mas me vale sentir lo menos, mas me vale olvidar el apego, mas me vale amar la soledad.

La soledad que se esconde entre tus sábanas, entre tus abrazos, entre todo lo que nunca serás en mi vida.

Mi vida como la estrella fugaz que se fugó sin encontrar espectador, los dos segundos en los que todo pasó y nadie estaba para verlo.

Verlo todo distante, ser actor de relleno de la película que yo no escogí actuar, leer el guión de todo lo que debo y lo que no debo.

Debo encontrarlo, al sentimiento, debo encontrarlo vivo.

Gracias

Cuando tenia 15 les dije a mis papás que ya no soportaba sus reglas, que tan pronto cumpliera 18 me iría de su casa. Claro, pensaba que a los 18 mi vida estaría resuelta por el simple hecho de ser mayor de edad. Obviamente cumplí 18 e hice como que había olvidado mis palabras de adolescente.

Un buen día, 10 años después, a finales del invierno de mis 25, agarré mis libros, mi computadora, algo de ropa y me fui de los suburbios, a la ciudad, a mi mundo. Donde se suponía que todo sería perfecto, tenía mucho miedo.

Entonces, tuve que aprender nuevos trucos, a calmar mis miedos, a no olvidar comprar comida y agua, a pensar más con quien me gusta estar y con quien no. Pero lo más importante es que tuve que sentarme a escribirle esto a mis papás, para darles las gracias, para decirles que me costó mucho trabajo quitarme lo testaruda de encima, pero que valoro mucho lo que hicieron tantos años por mi, que aprecio todos los sacrificios que hicieron para que yo pudiera tener una existencia feliz, para que pudiera ir a una buena escuela, para que siempre tuviera comida, ropa, seguridad. Pero sobre todo valoro que aunque su visión del mundo es completamente distinta a la mía, siempre han hecho el mayor de los esfuerzos por entenderme, quererme y apoyarme.

Gracias Papá y Mamá.

Anahí, verano 2013.

Sed

Somos polvo que camina por las calles, que flota por los aires, somos moléculas imprecisas de sueños y de ideas, somos pocos o somos muchos, pero andamos por ahí y por acá, desmoronándonos por los desiertos de nuestra existencia, pensando en las imágenes resecas que la vida nos presenta. Somos las pequeñas tristezas empolvadas que marchitan nuestros corazones, tenemos dedos de ceniza, se nos secaron los ojos, se nos deshidrató la boca, somos aserrín, tierra y pelusa a la vez,  por eso andamos por toda la ciudad sedientos y sin rumbo.

Música que se desgasta

Es mi imaginación o hay gente que no soporta que la música que escuchan sea escuchada por otros cuantos mortales, como si de esa forma la categoría musical se transformara, como si la música se desgastara. Estoy hablando de la sensación de que hay gente que es envidiosa con lo que escucha o que se sienten ganadores si escuchan las cosas antes que nadie, el síndrome de “eso que estás escuchando es bueno, pero es tan del 2008”.

Entonces qué es lo que importa de la música, lo que hay en nuestros oídos y en nuestra mente cuando la escuchamos, o lo que hay en los ojos y en la mente de las otras personas cuando saben lo que escuchamos.

Por supuesto que no me refiero a la NO felicidad profunda que siento cada que hasta en el supermercado se escucha la canción de daft punk, porque una cosa es asquearse de tanto que escuchamos o vemos lo mismo, ya sea el get lucky o el último comercial de Genoprazol (para la gastritis) y otra es la gente cool que se esfuerza por escuchar la música más cool, para después quejarse de que todo el mundo la escucha. Como si con ello le estuvieran haciendo un favor al artista, como si lo que los músicos quisieran es que su música no la escuchara nadie, sólo unos cuantos, sólo los modernillos.