Las mujeres tenemos la responsabilidad de vestir recatadamente y no usar bikini.

Un amigo posteo un video en el que una diseñadora de modas, exponía sus razones por las cuales las mujeres no debemos usar bikinis, aquí el video:

http://familias.com/el-efecto-bikini-en-la-mente-de-los-hombres-cosas-que-toda-mujer-deberia-saber

La verdad, lo vi y no pude contenerme a escribir esto. En resumen, lo que ella dice es que cuando las mujeres usamos bikini, provocamos que una parte del cerebro de los hombres se apague y nos dejen de ver como humanos y nos vean como objetos.

Pensé que la humanidad había llegado a un diálogo mucho más elaborado. Pensé que todos los días convivía con hombres, no con animales incapaces de controlar sus instintos. Más que una falta de respeto hacia las mujeres, la postura que toma la chica del video y sus seguidores me parece una falta de respeto hacia el intelecto de los hombres.

Hombres: los están subestimando, los están tomando por animales, les están diciendo que no son capaces de hacer algo que es inherente a la inteligencia humana, les están diciendo brutos.

¿En qué momento van a dejar de ser animales y se van a volver hombres?, porque para mí, un hombre es alguien que acepta su responsabilidad ante sus pensamientos y actos, así como una mujer es alguien que es capaz de controlar sus hormonas. Es de niños echarle la culpa de nuestro actuar a las hormonas o a la forma de vestir de otra persona.

¿Ustedes creen que nosotras no tenemos los mismos pensamientos que ustedes?, ¿no tenemos cuerpo?, ¿no tenemos ojos para ver?. Díganme, cómo es posible que vivamos en una era en la que a las mujeres nos exigen controlar nuestras hormonas de una manera sobrenatural y ustedes hombres nos echen la culpa de volverse unos animales por que nosotras usamos bikinis, faldas, escotes, etc. Nos echan toda la culpa a nosotras, como si fuera nuestra responsabilidad controlar sus pensamientos, como si cada persona no fuera responsable de sus acciones. Es como si yo fuera gorda y le echara la culpa de mi gordura a que en la pastelería que está en el primer piso del edificio en el que vivo vende donas de chocolate que se ven deliciosas. Oigan, no.

Me gustaría más pensar que convivo con hombres que controlan sus pensamientos y acciones, que buscan belleza interna y usan sus ojos para ver cosas que ningún desnudo les dejaría ver. Me gusta pensar que los humanos nacemos sin saber controlar nada, ni el hambre, ni el sueño, ni nuestras ganas de ir al baño, pero que conforme vamos avanzando en este mundo, y dejamos de ser bebés para convertirnos en adultos, vamos aprendiendo trucos, que incluyen poder ver a nuestros semejantes con respeto. Habiendo tantas cosas para ver en una mujer y ustedes sólo pueden concentrarse en nuestro cuerpo, come on!

Incluso, en el video la diseñadora de modas habla sobre que debemos ser modestos, y si buscan la definición de modestia, encontrarán esto: “La modestia es la actitud tendente a moderar y templar las acciones externas; implica contenerse en ciertos límites, de acuerdo con las conveniencias sociales o personales.” Entonces, los hombres deberían ser modestos en su pensar, no deberían echarnos la responsabilidad a nosotras sobre algo que está en su mente. Lo contrario sólo es muestra de un actuar infantil.

Hombres, pónganse reales y eleven el nivel de pensamientos que tienen día a día. Es más divertido como mujer, cuando te das cuenta de que estás tratando con seres racionales, que no son manipulables con pretextos físicos o por un bikini o escote. Es mucho más retador convivir con el intelecto.

Mujeres, pónganse reales y dejen de subestimar a los hombres considerando que sólo saben pensar con sus instintos sexuales. Empecemos a percatarnos de ellos como seres capaces de usar su inteligencia y que al igual que nosotras, pueden controlar sus impulsos hormonales.

El sábado, mientras ustedes estaban en Ceremonia, yo me puse sentimental.

Antes pensaba que no sabía cocinar, después me di cuenta de que es como muchas otras cosas en la vida. Saber hacerlas sólo es cuestión de atreverse a hacerlas.

El sábado, mientras muchos de ustedes estaban en Ceremonia, yo me dispuse a ir al mercado y al supermercado, para después preparar salmón glaseado y papas bravas.

Por un lado me sentía enojada con ciertas cosas de la vida, por eso preparé papas bravas, y por otro lado, me sentía dulcemente agradecida con muchas otras cosas que me están pasando en estos momentos, por eso también preparé salmón glaseado.

En la cocina, como en la vida, lo que sentimos importa y se nota en el resultado final. La comida quedó increíble, o de menos eso me dijeron todos los que la probaron.

Es importante mencionar que las recetas que encontrarán aquí, son mías y que probablemente la receta original no vaya así. Lo que hago es leer varias recetas, darme ideas de cómo se prepara y escoger lo que más se me antoje o se me haga a la idea que quedará mejor. Me imagino los sabores y las sensaciones, para al final hacer mi propia receta. Así que españoles del mundo, no se enojen si mi receta de papas bravas no es exactamente como ustedes las preparan, pero quedaron deliciosas.

Con ustedes la receta de las PAPAS BRAVAS:

Para las papas bravas necesitaran: papas, hojas de laurel, mantequilla, crema, mostaza dijon, chile habanero, pimiento rojo, pimienta, sal de ajo.

  1. Corté en cuatro las papas, las puse en una cacerola con agua, mantequilla, un poco de sal de ajo y laurel. Hasta que estuvieran cocidas. Puedes saber que las papas están en su punto, cuando con un cuchillo las picas y están suavecitas. Este truco me lo enseñó mi mamá.

Después para la salsa brava:

  1. Se asa el chile habanero y el pimiento rojo, con un poco de sal de ajo y aceite. Después se ponen en la licuadora, junto con la crema, la mostaza dijon, y un poco de vinagre. Se licua y se regresa el resultado al sartén, hasta que la salsa tenga una consistencia espesa. Se va sazonando al gusto: un poco más de sal, un poco más de pimienta, un poco más de ajo. A mi me gusta la salsa brava picosa y acida al mismo tiempo.

Se escurre el agua de las papas, y se mezclan con la salsa brava. Listo, siéntanse bravos mientras se las comen. 

Ahora, vamos con la parte agridulce. El SALMÓN GLASEADO lo hice así:

Compré filetes de salmón en el supermercado. Por alguna razón, me parece que ahí las carnes, pollo, pescados, son más frescos en el mercado. Les creo cuando hablan de que mantienen los alimentos a la temperatura correcta hasta que llegan a mis manos. Hay que aceptar que hay cosas de la globalización que salen bastante bien.

La cantidad de salmón que se necesita depende de la cantidad de personas que vayan a comer, por ejemplo, yo compré seis de tamaño mediano. Me gustan los que de un lado tienen piel, ya que esa al cocinarla queda una deliciosa costra. También en el súper compré vino blanco y un sazonador de lemon pepper que me hizo el día.

En el mercado conseguí: chia, limones, aceite de aguacate, vinagre balsámico, miel de abeja, sal de ajo.

  1. Varias horas antes de empezar a cocinar, en un refractario puse el salmón con un poco de vino blanco y lo deje reposando en el refrigerador. Ese truco se lo aprendí a una persona que quiero mucho, y mientras lo hacía pensaba que así es la vida. Las personas llegan a tu vida de las formas más diversas y también de las formas más diversas te enseñan sus mejores trucos, y viceversa. Y ninguna de las dos cosas se puede planear, ni a quien vamos a conocer, ni qué trucos nos van a enseñar.
  1. Primero hay que preparar el glaseado. En un sartén caliente, puse miel de abeja, vinagre, jugo de limón y sal. Lo iba probando e iba decidiendo si le faltaba o sobraba algo. Al final, me quedó una salsa agridulce que por si sola, era una delicia.
  1. En un plato, puse chia, sal de ajo y sazonador lemon pepper. Fui empanizando en esa mezcla cada uno de los filetes de salmón. Después en un sartén que previamente había calentado con un poco de aceite de aguacate los cociné. Hay que ser pacientes y esperar el tiempo suficiente para que agarren el color y la textura deseada, el salmón que se deshace en rodajas mientras te lo comes, es el más rico.
  1. Finalmente, en una charola, puse los filetes y encima la salsa agridulce que preparé. Los metí alrededor de 20 minutos al horno y los serví acompañados de las papas bravas.

Esa noche, tomamos vino blanco. Después vino tinto, y después caguamas, y por alguna extraña razón también asaltamos el whisky a medio empezar que tenía en mi alacena.

Al otro día me desperté cruda y con mensajes de todos mis invitados diciéndome que se la habían pasado bien y que sus estómagos se sentían felices. Supongo que Ceremonia también estuvo divertido, había dos que tres bandas que se me antojaban escuchar.

Para mi, lo ideal sería que si a caso alguno de los que me lee, se le antoja esta comida, lea más recetas, se eche un clavado en el mercado, y haga su propia creación. Así debería de ser la vida, estoy harta de que la mayoría de las personas, necesitan instrucciones precisas para hacer las cosas. Creo que el mundo necesita de más personas se atrevan a ser ellas mismas en la cocina y en la vida.

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Los culeros no existen.

Muchas veces hablo dormida, es una costumbre que les vengo manejando desde niña. Me contaron que ayer hablando dormida dije fuerte y profundo que “todos los hombres eran unos culeros”. Cuando lo pienso conscientemente, no me gusta generalizar, pero por algo dije eso. Inconscientemente he estado pensando que los hombres son unos culeros. Me gusta haberlo soñado, porque así tengo la oportunidad de analizarlo y llegar a conclusiones que me permiten estar en paz.

No es que los hombres sean unos culeros, mucho menos que toooodos lo sean. Lo que pasa es que a veces es tan difícil saber lo que hay en la cabeza de otras personas, que es casi imposible entender por qué hacen las cosas. Sin importar el genero, la mayoría de nosotros en algún punto hemos pensado (aunque sea bajita la mano) que todos los-las hombres-mujeres, son unos-unas culeros-culeras.

Prefiero vivir ligero, pensando que no existe humano en el mundo que haga daño intencionalmente, prefiero pensar, por ejemplo, que no sé qué hay en la cabeza de las personas que hacen guerra, y por lo tanto no puedo ser juiciosa. ¿Quién soy yo para juzgar el actuar de los demás? Prefiero hacerme la vida fácil y pensar que no hay maldad, no hay crueldad, no hay placer en causar daño, no hay culeros. Aunque todas las pruebas demuestren lo contrario.

Esta tarde estoy escuchando esto: https://www.youtube.com/watch?v=sSiXAA8ewLg

Los panqués de nata del cubano.

TRUCO: Los mejores panqués de nata.

En el mercado de la Roma, justo en la entrada del pasillo que te lleva hacia el área de cocinas económicas, del lado derecho, hay un puesto de postres de un cubano.

Del lado izquierdo del puesto, todos los días, a diferentes horas (por lo general en la mañana y a veces también en la tarde), saca unas charolas de panqués de nata recién horneadas. Cada panqué cuesta $10.00 pesos. Están doraditos y crujientes por arriba, y por dentro son suaves con sabor a vainilla dulce pero sin empalagar.

Los recomiendo.

Receta: Lasagna de berenjenas y espinacas. Quack, quack.

El mercado, ese lugar lleno de aromas, colores, sabores, gente y diversión. Cocinar empieza en el mercado, escogiendo y comprando las cosas que vamos a cocinar. Habrá que poner atención en los ingredientes que escogemos, por eso es mejor ir al mercado. De menos el mercado de la Roma a mi nunca me ha defraudado. Las verduras, legumbres, frutas, granos, etc., que se consiguen en el súper (walmart, soriana, blablablá) pocas veces alcanzan la frescura de los que puedes conseguir en el mercado y además casi siempre son más caros.

Empezamos comprando el ingrediente principal, las berenjenas (dos). Habrá que poner atención en que no estén mallugadas o con alguna textura extraña. Las berenjenas son de un morado brillante, con cascara que se siente delgada. Esas son las mejores.

También necesitamos espinacas. Yo prefiero las que son de hojas más grandes y que a simple vista se ven un poco crujientes. Es importante desinfectarlas antes de cocinarlas, a mi no me gusta usar cloro desinfectante o alguna sustancia parecida, así que uso vinagre. Un chorrito con un poco de agua, y nuestras espinacas estarán limpias.

Necesitamos crema. A mi me gusta la que en el mercado se conoce como “natural”, es más espesa y no tiene tantos conservadores ni químicos. Pero la crema alpura, o lala está bien.

Habrá que escoger el queso, hoy yo usé manchego mezclado con gouda. El manchego tiene un sabor un poco más suave que el gouda, pero los dos derriten. A mi me gusta rallar el queso, no me gusta el que venden rallado y tampoco me gusta cortarlo. Me parece que el queso rallado en el momento tiene mejor sabor, aunque quizás eso es una más de mis locuras. También necesitamos queso parmesano.

Necesitamos pasta para lasagna precocida. La marca Barilla me gusta.

Por último, necesitamos lo básico: mantequilla, ajo, cebolla, sal.

Empezamos:

 Es importante abrir una chela y poner música antes de empezar, o de menos para mi, así lo es. Cocinar es como una fiesta, cocinar alegra el alma. Hoy en mi cocina se escucharon en orden aleatoreo las canciones de esta lista de spotify: spoti.fi/1vvPtir 

 BERENJENAS

  1. Se lavan y cortan en rodajas, se ponen a remojar en sal con agua, aproximadamente una hora.
  2. Se remojan y se empanizan con el queso parmesano.
  3. Se sofríe con mantequilla el ajo y la cebolla finamente picada, hasta que (como dice mi mamá) se pongan transparentes. A mi no me gusta ponerle demasiada cebolla o más de medio diente de ajo. Pero a mi parecer el ajo y la cebolla siempre deben ir al gusto. Así como todo en la vida, cocinar te hace de experiencia, y la experiencia te hace reconocer los sabores, olores, gustos, sentimientos que prefieres resaltar en tus recetas.
  4. Se cocinan las rodajas de berenjena con parmesano hasta que estén doradas.

ESPINACAS

  1. Hay que cortar los palitos y partes raras de las espinacas, para remojarlas en agua con vinagre, enjuagar bien.
  2. Se cocinan con un poco de mantequilla y sal.

ARMANDO LA RECETA:

En un refractario se pone una capa de pasta para lasagna, crema, berenjenas, espinacas y queso rallado. Se pone otra capa de pasta para lasagna y se repite: crema, berenjenas, espinacas y queso rallado. Acabamos con una capa de pasta para lasagna, con crema y queso encima (para que quede doradito).

Yo cocino con un horno eléctrico, así que meto la lasagna a una temperatura aproximada de 300 F, durante más o menos 20 minutos. Mi horno tiene una función de “tostado”, así que al final le pongo unos 10 minutos más a tostar. Cada horno, de gas, eléctrico, nuevo, viejo, tiene su truco. Es curioso, pero en la vida así es con las personas, cada una tiene sus trucos y habrá que cocinar una y otra vez con ellas para irlos conociendo.

Hoy serví la lasagna de berenjenas acompañada de cuscús que preparé el viernes. Sobró un monto ya que aún no mido bien las cantidades para 2, 4 personas. Supongo que con el tiempo aprenderé a medir mejor las circunstancias. Luego posteo la receta del cuscús, que no sé si cierto o mentira, pero todas las personas que la han probado me han dicho que estaba deliciosa.

…y por supuesto, el aguacate con limón y sal de ajo no podía faltar, soy fan.

Aquí algunas fotos:

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CONFIAR

 

La vida es un continúo confiar.

Me gusta confiar y me gusta la gente confiada, porque creo que cuando alguien es confiado es porque puedes confiar en esa persona.

Mucha gente es desconfiada y creen que entre más cautelosos sean al confiar en las personas, mejor les irá en esta rueda de traiciones y desazones. Están equivocados.

A veces, son las personas a las que más confianza les tenemos las que cometen las peores traiciones. Es probable que esa persona que nos ha visto a los ojos y a prometido nunca fallarnos, sea la que nos falle más profundo. Esa persona que promete todos los días amarte y respetarte pero que bajo ciertas circunstancias se les olvida lo que eso significa.

Personas que le fallan a la amistad, personas bizcas que no ven más allá de sus narices. ¿Entonces?, ¿qué queda?. Seguir confiando, seguir creyendo, seguir siendo personas de confianza. Porque no serlo no cambiará a los bizcos, ni nos librará de que las personas nos fallen. Esta en la naturaleza de algunos humanos, algunos nacieron con almas brabuconas. Claro, confiar tampoco significa ser inocentes pequeñuelos y seguir confiando en personas que nos han fallado. Para ciertas cosas en la vida solo se tiene una oportunidad. Para mi, la confianza no es algo que se gana, es algo que ya se tiene y que se pierde.

Además, no hay que olvidar que la vida tiene su propio equilibrio y su propio sistema para siempre poner las cosas en su lugar y esas personas que nos han fallado, cargaran con sus propios demonios, ya que tarde o temprano, recordaran lo que han hecho. Tarde o temprano todos tenemos que recordad donde la hemos cagado.

Mi vida sin ti.

Cada que pienso en ti, se me vuelve trufa el corazón.

No hay más tú. Todavía existes, pero no para mí.

Existes para mis amigos y para nuestro gato, pero para mí ya no.

Me mata tu inexistencia y mi inexperiencia para superarla.

¿Quién diría?, ¿Quién dijo?, que esto tendría que ocurrir.

En la oscuridad donde mis pensamientos te encuentran, te recuerdo,

te pienso, hago memoria de tus gestos, de tu cara,

de tu sonrisa, no quiero olvidarlas.

Pero esto es un continuo nadar río arriba,

aunque tampoco es como que río arriba te vaya a encontrar.

Ya no estás en mi río, ni arriba ni abajo.

Y yo escribo, para mi, para quien quiera escuchar,

porque si de algo estoy segura, es que no estoy sola en este sentimiento.

Todos nos condenamos, todos nos liberamos,

es el amor que nos atrapa y nos estremece.

Todos sabemos que el amor es el rompecabezas sin solución,

y aún así nos sentamos a jugar.

La vida sin ti.

La vida es una, las muertes son muchas.

La muerte de mi perro, la muerte de mis ilusiones,

la muerte de mi vida tal y como me gustaba.

La muerte de las últimas flores que me diste,

de los últimos suspiros que te alcancé a oír,

el eco de tu voz diciendo que yo era lo más importante en tu vida.

La vida es una, las muertes son muchas.

Tú, yo, el gato, el perro, la risa sin control.

Todo se fue y yo me siento a esperar.

Esperar a que algo pase, porque algo siempre termina pasando.

También soy seria, y me hablo con exigencia a mi.

Debo ser fuerte, debo soltar, debo olvidar, debo seguir…

Soltarte, olvidarte, seguir(te)…