He venido a decirte

Sonó la alarma y abrí los ojos. Llevaba horas con los ojos cerrados pero despierta.

Eran las 4 de la mañana. Mi vuelo salía a las 7. De un brinco me metí a la regadera, de otro brinco me vestí, y de un brinco más jalé mi maleta hasta el uber que me esperaba afuera.

 

El conductor: ¿A dónde va señorita?

Entre murmullos: a ver al amor de mi vida.

El conductor: Disculpe, no le entendí.

Yo: Al aeropuerto.

 

-Mi vuelo despegó. Veía por la ventana, pensaba en ti. Mi vuelo a aterrizó. Veía por la ventana, pensaba en nosotros.-

 

El agente aduanal: what´s the porpuse of your trip?

En mi mente: He venido a decirle…

El agente aduanal: Miss?, do you speak english? What´s the porpuse of your trip?

Yo: Tourism…

 

Recojo mi maleta, camino hasta la entrada de aeropuerto. Busco entre mis cosas, saco mi agenda, ojeo hasta llegar a una fecha en especifico: 2 de diciembre 2015. Ahí tengo anotada la siguiente dirección:

 

_________________________________________________________________

Diciembre 2, 2015.

41* MacDonough Street Apt *, Brooklyn, NY 11233, Estados Unidos

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Me pongo los audífonos, camino al metro e intento recordar todas las indicaciones que me habías dado años atrás para usar el metro. Tengo miedo. No es la primera vez que estoy aquí, pero si es la primera vez que estoy aquí sin ti. Últimamente he estado mucho tiempo sin ti. ¿Qué estarás haciendo? Estamos tan cerca y no lo sabes.

 

Subo al metro, tengo el corazón hinchadísimo. No dejo de escuchar esta playlist:

https://open.spotify.com/user/muchasmanchas/playlist/40s7lWeeicbxF2xsA3kdHP

 

Después de arrastrar varias cuadras mi maleta, por fin llego a mi airbnb. Encuentro esta nota:


Después de tomarle una foto, acomodo mis cosas y me meto a bañar. Me acuesto sobre la cama y te mando la foto.

Doy vueltas sobre la cama. Veo el techo, doy más vueltas sobre la cama. Pongo algo de música. El mismo playlist. David Bowie, D´Angelo, Foo Fighters, Now Vs Now, Grizzly Bear, Hummersqueal… Ya es de noche, en la habitación todo está oscuro.

“Dling, Dling”.

Suena mi teléfono y la luz de la pantalla lo ilumina todo. Se me va a salir el corazón, me tiemblan las manos, quiero ver quién es, pero no quiero que sea otra persona. Alargo mi mano, lo agarro, lo veo.

 

ERESTÚ.

 

Mi corazón solo sabe latir de esta forma por ti. Esa forma en la que sé que estoy a miles de kilómetros de casa. Nadie sabe que estoy aquí. Nadie sabe que ayer compré un boleto de avión, sólo para venir a decirte que… ¿qué he venido a decirte?

 

 

No espero más y leo el mensaje que me mandaste. Me haces una pregunta.

La más importante de todas las preguntas.

¿Estás en NY?

Typeo varias respuestas. Las borro y las vuelvo a typear. Recuerdo el 2008, el 2009, el 2010, el 2011, el 2012, el 2013, el 2014, el 2015… siempre la misma sensación de quererte en mi vida. Siempre.

Quedamos de vernos ese mismo día. No al otro, no después, hoy. Tengas o no tengas cosas qué hacer, hayas o no hayas quedado con alguien, quieres verme ese mismo día, aunque te dije que no importaba si no podías “iba a estar varios días en NY”. Quieres verme ese mismo día. Me siento especial. Siento que te importo. Tantos años, tantos pasos, tantas experiencias y yo siempre con la misma duda, ¿de verdad le importo?.

…sentí que ahí estaba mi respuesta.

 

Tengo claro dónde quiero verte. Lo sabía desde que compré mi vuelo. Que quería verte en la misma y apestosa pizzería en la que nos conocimos. Quiero dejar atrás al tiempo y a sus abismos. En ese lugar empezó todo. En ese lugar tenía que volver a empezar.

-Te veo ahí a las 8. Trato cerrado.-

Llegué una hora y media antes. Caminé por la calle que me vio ser una adolescente rapada, por la calle que nos vio reír hasta no poder parar en medio de la lluvia. La calle en la que estaba tu departamento de estudiante. La puerta roja del edificio en el que vivías. Se siente tan bien estar en NY.

Te escribo un whatsapp. Ya ando por donde quedamos de vernos, ¿me recomiendas un bar?.

Voy al bar que me recomendaste y pido un whisky. Tú me enseñaste a tomar whisky, gin, vino, cerveza… en general, tú me volviste una alcohólica. O tal vez, ya era una alcohólica, pero ahora soy una que sabe lo que está tomando. ¿Qué whisky pedí?, ¿no adivinas?.

 

…un Maker´s Mark…

 

En las rocas. Lo tomó a fondo. Muero de sed. Pido otro. De pronto, entre todas las canciones que existen en el universo, ponen una en especifico, una en especifico que hincha mi corazón, que me hace creer en la magia, que me hace creer que estoy ahí en ese momento por una razón en especifico. Una que me hace creer que de todos los suburbios en los que pude haber nacido, nací en el mismo que tú. Uno que me hace creer que por más tumbos que nuestras vidas han dado, estamos a punto de comernos una pizza en nuestra pizzería favorita. Mientras me acabo mi segundo whisky, se escucha esta canción:

https://www.youtube.com/watch?v=KpCi8TC9QtI

 

Ha llegado la hora. Pago y salgo a encontrarte. Estoy a dos cuadras del lugar en el que quedamos de vernos. Estoy a dos cuadras de la pizzeria en la que nos conocimos. Estoy a dos cuadras de donde quedamos de vernos. No puedo creer que esto esté pasando.

Ha comenzado a lloviznar. Es una llovizna ligera, de gotas minúsculas, que no mojan, es la llovizna más romántica que yo he atravesado. Los focos de los autos alumbran las pequeñas gotas de forma especial. Me siento en una película. Traigo el corazón en las manos. Lo siento palpitar y pienso: para este tipo de cosas es que nací.

Llego a la pizzería, veo que aún no has llegado. Me paro afuera, entre los botes de basura, la gente riendo, los taxis amarillos. Del otro lado de la acera veo el siguiente letrero:


Le subo al volumen de mis audífonos. En cualquier momento vas a llegar…. Pero ¿si no llegas?, ¿si te arrepientes?, ¿si decides que esto es demasiado para ti?.

 

Vas a llegar. Vamos a vernos. Lo sé. Confío.

 

¿Qué te voy a decir cuándo llegues?, ¿¡que!?.

¿Qué he venido a decirte?

 

Estoy tan nerviosa que siento que todo respira. La calle respira, los edificios respiran, los coches respiran, la calle respira, las ratas respiran. NY respira.

Muevo mis pies al ritmo de la canción que escucho.

Volteo y entre la tenue llovizna que sigue cayendo, te veo venir. Gorro negro, chamarra negra, pantalones negros, barba negra, sonrisa gigante. Eres tú.

Ahí estás tú, aquí estoy yo, aquí está nuestra pizzería favorita. Nuestra.

Me quito los audífonos, te los pongo, y te dejo escuchar lo que mis oídos escuchaban, lo que he venido a decirte:

https://www.youtube.com/watch?v=fqafnxiBAU0

 

 

¿Feminazi?

No, no odio a los hombres y no, no creo que todos sean iguales. No, no soy feminazi. Pero cuando tenía 16 años, mientras caminaba por la calle, un señor me tocó el claxón y cuando volteé, estaba masturbándose. Me preguntó que si me gustaba lo que veía. Tenía 16 años, no me gustó. Me eché a llorar.

 

Cuando llegué a casa le conté a mi mamá y ella me dijo con las mejores intenciones que una mamá puede tener, que lo que debía hacer era ignorarlo.

 

Desde entonces así ha sido. Han pasado más de 10 años desde que a ese señor se le hizo gracioso masturbarse enfrente de mi y yo he intentado seguir ignorando.

 

Ignoré la vez que me nalgueó un motociclista y después volvió a pasar en su moto cagandose de risa de mí y de mi susto, también ignoré la vez que un señor me dijo “mi amor” al oído en el transporte público, lo mismo hice otra vez que un loco me siguió por varias cuadras diciéndome lo “rica” que estaba, me quedé fría y no hice nada la vez que caché a un imbécil tomándome fotos en el metro, o la vez que un señor, enfrente de un amigo, me dio una nalgadita. Esa vez ni siquiera estaba sola, o con otra mujer (lo cual es como si estuviera sola) y aún así me faltó al respeto.

Paré una patrulla la vez que un taxista me empezó a acosar, pero después de que los mismos policías me hicieran hincapié de que en el Ministerio Público me estaba exponiendo a cosas peores que las que el taxista me dijo, decidí ignorar.

He ignorado esperando que esas cosas dejen de suceder, que se detengan, que no me vuelva a pasar a mi ni a nadie, pero no ha servido.

Este tipo de cosas no sólo siguen pasando, si no que cada día pasan más y con más descaro. Estoy segura de que si hago una reunión con dos o tres amigas y nos ponemos a hablar del tema, tendríamos horas y horas de conversación. Millones de historias de acoso que contar, en las que todas hemos hecho lo mismo: ignorar.

 

Y no es que mi mamá no me diera el mejor consejo disponible, es que a ella también le dijeron que este era un tema que se debía ignorar. Es que por generaciones así nos han educado a las mujeres. Ignora y sé fuerte.

 

Pero no ha servido.

 

Cada vez más frecuente, cada vez de formas más descaradas: la amiga que en una fiesta tomó mucho y a un “amigo” se le hizo gracioso tener relaciones sexuales mientras ella literal estaba inconsciente, la chava a la que le bajaron los calzones en la Condesa, la conductora de televisión a la que corrieron porque se enojó cuando el conductor entre broma y broma le tocó un seno, y además la hicieron grabar un video diciendo que “así se llevaba”, la trabajadora de limpieza a la que violaron cuando iba en la madrugada camino a su trabajo, la adolescente que violaron y mataron en un microbús, para aventar su cuerpo en periférico. Las turistas que viajaban juntas y las asesinaron, porque a pesar de que iban juntas, por ser mujeres, “iban solas” o las miles de historias de mujeres asesinadas por sus propios novios.

 

Esperen. Estas cosas no pueden ser ignoradas, porque no ha funcionado, no es que seamos feminazis, pero es que queremos que entiendan que no es nuestra culpa, no tiene nada que ver cómo nos vestimos, ni cuánto tomamos, ni si estamos bellas y ustedes lujuriosos, o si estamos solas o acompañadas, mucho menos si es de noche o de día. Ya no queremos ignorar el acoso, porque no ha funcionado. Ya no queremos ignorar la falta de respeto que hay, por que no ha funcionado. Ya no queremos hacer como si nada pasara, aunque por dentro se siente gachisimo que alguien te falte al respeto así.

 

Queremos que nos respeten, queremos que salir a la calle con un vestido no sea un pecado, queremos viajar solas o acompañadas, pero nunca acosadas. Queremos ser libres en un mundo que todos los días nos demanda serlo, pero que poca protección nos proporciona para serlo.

 

No queremos depender de un hombre para sentirnos seguras.  No somos feminazis, somos mujeres que ya no van a ignorar. Somos mujeres a las que no nos van a apagar con un término tan ofensivo como el de “Feminazi”.

No odiamos a los hombres, los amamos y queremos que nos respeten sea cual sea la circunstancia. Somos mujeres que sabemos que necesitamos a los hombres tanto como los hombres nos necesitan a nosotras. Somos femeninas, somos fuertes, somos seguras, somos cada vez más.