La heterocromía del gato.

Es de noche en la casa de las montañas y lo único que se escucha es el continuo gotear de la tarja de la cocina.

Gota, silencio, gota, silencio.

Por el momento, todo es paz. El gato sueña con estambres que perseguir y el niño con los sonidos de su melodeon.

Algo rechina. El gato se despierta. Es el niño que rechina los dientes. Es el niño que entre sueños aprieta los dientes. Es el gato quien lo observa en silencio.

¡Niño! ¿por qué rechinas los dientes? ¡Niño! Despierta.

Miau, miau-.

Por fin, el niño despierta. El gato lo mira fijamente en medio de la oscuridad en la que lo único que brilla es su peculiar par de ojos, uno oro y otro celeste.

El gato y el niño cruzan miradas en la inmensa negrura del cuarto, donde las sombras salen de los closets y los juguetes se mueven cuando nadie los ve. El niño no entiende.

Sin más rechinidos que lo molesten, el gato se vuelve a acurrucar. Pero el niño ya no puede dormir.

¿Por qué no puede dormir el niño que rechina los dientes?

¿Alguna vez les ha pasado encontrarse sin saber en dónde se encuentran? Es el niño, es la madrugada, es su cuarto oscuro, es el mundo. El mundo en el que el niño no se encuentra.

Es necesario despertar al gato para preguntarle. ¿Gato, dime, a dónde van los que se fueron?, ¿Gato, dime, por qué rechino los dientes?, ¿Gato, dime, por qué tengo este manojo de sentimientos que envuelven mi existencia?, ¿Gato, dime, por qué el vértigo?

El gato, parado en una esquina, pareciera que es un pedazo de noche.

El gato de movimientos suaves y equilibrados, el gato que en cada zigzagueo pareciera que va a chocar con todo y sin embargo nunca tropieza con nada, el gato de movimientos elegantes, el gato que parece pantera, el gato que siempre sabe lo que quiere. El gato que se lame la pata derecha. Ignorándolo todo. Incluso, al niño que rechina los dientes. Sobre todo al niño.

El niño deja la cama, y camina  el alma descalza para ver por la ventana, el piso está frío, el alma también. Desde esta ventana se ve todo el universo, las alegrías, las tristezas, las ilusiones, los sentimientos, las estrellas. El niño se pregunta, ¿por qué me siento así?

Es entonces cuando el gato decide ponerse serio. Y de un brinco llega hasta donde el niño está.

Finalmente pasó lo más sorprendente, con voz de eco, el gato decidió hablar para decir su única verdad: ¡Niño! Suéltalo todo, abandónate a la existencia, a los deseos. Déjaselo todo al universo.

Con la mirada llena de estrellas, el niño decide contestar, ¿pero, dime Gato, quién me va a proteger del inmenso vacío de la existencia?

Hombre solo

 

Hombre solo, dime qué ves cuando viajas por el mundo rompiendo corazones.

Hombre solo, dime cuál es el resultado de escoger tantas veces lo liviano y tan pocas veces lo real.

Hombre solo, dime qué se siente voltear atrás y sólo ver tu sombra.

Hombre solo, dime a qué sabe tu guitarra vieja y tus discos que ya con nadie puedes escuchar.

Hombre solo, dime qué harás cuándo te das cuenta de que no has construido nada tangible.

Hombre solo, dime qué encuentras en tu mente cuando cierras los ojos y al abrirlos sigues igual, solo.

Hombre solo, dime qué se siente recordar todas las islas que has dejado atrás.

Hombre solo, dime cuál fue el resultado de pensar en ti cuándo el mundo te pedía pensar en lo que estabas haciéndole a los corazones de los demás.

Hombre solo, dime hacía donde llevas tus barcos que comenzaron a arder en altamar.

Hombre solo, dime qué le dirás al niño en ti que nunca dejaste que creciera.

Dime, dime, hombre solo, ¿alguien te espera en casa?.