En dos días se acaba el verano.

Hola.

 

Buenos días. Noches, tardes, tiempos sin vernos. Sin saber tú de mi, sin saber yo de ti.

Sólo te he llegado a ver entre pixeles, aunque cada vez me lo prohíbo más. No es que no quiera saber de ti, es que no quiero saber de ustedes.

 

Pero eso no limita mis pensamientos. Te recuerdo al despertar y antes de dormir y en todo lo que hay en medio de la primer y última cosa. Entre sueños también te sueño.

 

Cada azotea, cada luz, cada lugar, que quisiera compartirte.

 

Pensando que la mejor versión de mi es ahora y que no estás. O quizás estás, pero en otra galaxia, en otra dimensión, a la que yo ya no puedo ir. No porque no quiera, si no porque yo soy de otro tiempo, uno que no logré traspasar. Uno en el que no importó con qué tanta fuerza cerré los ojos, no logré traspasar.

 

También me entero de cosas, me entero de que me visitas por pantallas de luz, que dicen mucho de mi, pero no lo que a ti te interesa saber. No lo real.

 

Tenías razón, iba a estar mejor. Tenías razón, alejarnos era un mal necesario. Porque escribo estas letras sintiendo el sol por la ventana, sintiéndome querida, curada, aliviada. Porque me acuerdo de ti, pero extrañarte ya no es algo que me duela, porque el otro día antes del amanecer me preguntaron qué haría si quisieras regresar, y me di cuenta de que ya no lo quería, de que ya no quería que se cumpliera el deseo mas fuerte que he pedido.

 

…y me quedo pensando, qué bella se ve la ciudad.

 

Adiós.

No fui al mar, el mar vino a mi.

Si te beso antes del amanecer o te tomo de la mano cuando caminamos de madrugada por las calles de la ciudad.

O quizás si te abrazo hasta los huesos cada que tenemos la fortuna de volvernos a encontrar.

Digamos que todo esto pasa como el azar que nos hace florecer. Jacarandás, flamboyanes, bugambilias en el corazón.

Expliquemos que somos tú, yo y las constelaciones. Son las pecas que siempre me quieres contar.

Que nos queremos poco a poco sin parar.

Porque me tienes en cada tierno mirar, en cada profundo beso, en cada cosquilla en el corazón.

Pensando que no necesito pensar.

Sintiendo paz en la mente y fuego en el corazón.

Comprobando que llegaste a mi vida por muchas razones, pero también para sanar, aliviar, remendar.

Llegaste para ser mar, para ser oleaje, para ser cura, para ser infinita sensación de amor.

Llegaste abriendo las ventanas, dejando que la luz entrara, hablándome entre risas y contagiándome de ti, de lo grande, de lo profundo.

Cerré los ojos y quise que no te fueras. De menos no por ahora.