Cuando me violaron.

Desde el día que me violaron nada ha vuelto a ser igual. He tenido que luchar con un estrés postraumático que ha afectado todas mis relaciones, familiares, laborales, sentimentales.

Por eso, vengo a escribir esto. No para generar un morbo que definitivamente no es necesario.

Vengo a hablarles del momento de mi vida en el que mi violador me tuvo contra la pared, con sus dos manos en mi cuello, aprentándolas cada vez más, haciéndome ver borroso, mareándome, asfixiándome, y con su aliento asqueroso me dijo: ¿Sabes que si yo quisiera en este momento te podría ahorcar?, ¿sabes que te podría matar y no pasaría nada?, ¿Porque yo soy hombre y tú mujer?. 

En ese momento me desvanecí y perdí todas las fuerzas con las que había estado defendiéndome y luchando por al menos media hora. Porque tenía razón. En un segundo, mi mente se volvió negra. Tenía razón.

A las mujeres nos violentan, nos acosan, nos matan, nos violan, nos desaparecen, y a los violentos, acosadores, asesinos, violadores, no les pasa nada. 

Sobreviví, y es por eso que les escribo esto y lo hago desde la autoridad moral de alguien que se atrevió a ir a denunciar. Lo hice, porque sabía que si me quedaba callada, iba a ser parte del problema. Me llené de coraje y fui a denunciar, sólo para enfrentarme a la segunda parte del trauma.

Resumiendo la segunda parte del trauma: pasé las primeras 2 horas siendo convencida de que tal vez no valía la pena que levantara mi denuncia, pues había casos antes y después de mí, mucho más densos, gente que importaba más que yo, incluso los funcionarios públicos me hicieron saber que había un niño de 6 años al que habían violado y que estaban levantándole la denuncia y que si realmente valía la pena que yo siguiera con mi proceso. Así fue: en medio del estado de shock en el que me encontraba, todavía tuve que sobrevivir escuchar eso. Tuve que resistir que me trataran como si yo no fuera nadie, como si yo no importara, no valiera, como si el mundo pudiera prescindir de mí fácilmente. Las siguientes 10 horas las pasé intentando que alguien que ni siquiera sabía escribir bien, levantara mi denuncia, luchando por que me trajeran un médico legista mujer porque evidentemente no quería pasar por esas pruebas con un hombre, y la última de las 12 horas que estuve ahí, las pasé convenciendo a los funcionarios de que el Ministerio Público tenía que venir para firmar mi Denuncia y no yo como víctima tener que regresar mañana o después, alargar el trauma. Al final no pasó nada, a mi violador lo detuvieron para decirle que mejor se mantuviera alejado de mí, quien sabe cuánto dinero les tuvo que dar, y sigue allá afuera, seguramente violentando a otras mujeres. Pero bueno, los policías de investigación me aseguraron que le habían dejado claro que no se volviera a cercar a mí. WOW.

Es importante poner un poco más de contexto en la situación, por que pareciera increíble, pero todo eso me pasó: i. estando en una agencia especializada para delitos contra la mujer, donde se supone el personal está capacitado en temas de género, y ii. siendo abogada y teniendo conocimientos legales que muchas mujeres desconocen.

No puedo ni siquiera imaginarme por lo que pasan las víctimas en lugares en los que no hay agencias especializadas ni oportunidades de educación.

Entonces, ¿por qué escribo esto? por indignación. Este pretende ser un texto lleno de indignación, porque eso es lo que me está moviendo. Porque por medio de estas palabras quiero compartir un poco de luz realista a los que están comentando que la marcha del 16 de agosto, no estuvo bien, que no era la forma, que con vandalismo no, que así no.

Si no era así, ¿Entonces cómo? Porque ya hay organizaciones feministas, marchas pacíficas, comunicados, uso de símbolos como los pañuelos, debates en redes sociales, canales de youtube, brillantina en la cara de funcionarios, protestas de todo tipo, (incluida la de una madre que fue asesinada por el mismo feminicida de su hija afuera del palacio de justicia de Chihuahua), ya existimos un montón de mujeres que nos expusimos al doble trauma de ir a denunciar, pero nada de eso ha funcionado. A las mujeres no siguen desapareciendo, violentando, humillando, matando, echando semen en el transporte público, enseñando sus penes en la calle, nalgueándonos, violándonos, humillándonos en todas las oportunidades que tienen, aunque tengamos 70 o 3 años. Se siguen cometiendo por miles los crímenes de genero contra nosotras y nada de lo que se hizo antes funcionó ni siquiera para que en las comidas familiares de domingo por la tarde se hablara del tema.

¿Cuál fue la gota que derramó el vaso? Que este gobierno, el que ya lleva 8 meses en el poder, llegó a ese lugar por medio de promesas que decían lo contrario. En su campaña Sheimbaun prometió lo contrario, prometió darle un lugar, una voz, fuerza y seriedad, al movimiento feminista. Y en la primer oportunidad que tuvo, salió a decirnos a nosotras, (que ni siquiera tendríamos que estar pidiendo que hagan su trabajo), que lo importante era no caer en provocaciones. Demostrando que es un Gobierno que se mueve lento y sin empatía.

La provocación ya fue hecha Sheimbaun, fue hecha desde el momento en el que no se está haciendo nada para cambiar, desde el momento que los funcionarios públicos a tu cargo, pierden evidencia en el caso de la chica que, dicen tú y tus funcionarios públicos que “presuntamente” fue violada por 4 policías, en el momento en el que se viralizó información que pone en peligro a la víctima, en el momento en el que un taxista secuestra a su pasajera, la viola, la mata, la avienta por ahí, porque NO tiene miedo, y no lo tiene, porque con la forma de actuar de los funcionarios públicos que acabo de relatar, no hay razón para tenerla. Los violadores y feminicidas siguen haciéndolo porque siguen sabiendo que no les va a pasar nada, siguen sin miedo. Eso es lo que a ti te debería preocupar, para eso te contratamos, por eso hubo quien votó por ti.

Después de todo esto, y aunque en lo personal sería incapaz de romper una puerta o mobiliario público, apoyo totalmente la  causa, porque por primera vez, desde que me violaron y casi mataron, pude sentirme como un humano que importa, miles de mujeres que ni conozco, salieron a gritar que lo que me pasó a mí, lo que les pasa a ellas y lo que nos pasa a todas, importa, y que así sea al grito de guerra, vamos a buscar el cambio. Que todavía hay muchas cosas que romper, como el hecho de que hay una gran mayoría de personas sintiendo mucha más empatía por los bienes materiales que se rompieron, que por la causa que los originó.

También dejar claro que si hubo hombres violentados en medio de la marcha, fue porque antes de la marcha claramente y por todos lados, se pidió que los hombres que se quisieran unir únicamente lo hicieran en el último contingente, también se pidió a los medios de comunicación que si iban a cubrir el evento, lo hicieran dejando a las periodistas mujeres en los contingentes de mujeres y a los hombres o en sus casas o en el último contingente. Y sé que para muchos de ustedes esto parece una causa de rechazo al movimiento, pero amigos, siento decirles que tiene una razón de ser y que si ustedes ya se hubieran informado, no hubieran hecho ese tipo de comentarios tan penosos.

Entonces, ¿por qué se pide en las marchas que los hombres que quieran apoyar la causa vayan en un contingente aparte o que de plano se reunan en otro lugar? porque ahí es desde el único lugar en el que pueden realmente apoyar, hablando entre ustedes, dialogando, reflexionando de las actitudes machistas que tengan normalizadas, generando un cambio entre ustedes, aleccionar donde tienen que aleccionar, que es entre ustedes mismos, y sobre todo, dejando claro que nos respetan y que no necesitan validar ninguno de nuestros actos. Que si las mujeres decidimos algo, tiene que ser respetado.

Finalmente, dio resultado. Por primera vez, el tema está en primera plana de todos lados, en boca de los que habían callado hasta el momento, he leído estatus de gente que hasta el momento sólo ponía frases motivacionales o las fotos de su peda del fin de semana. Por fin, se está hablando del tema, y creanme, ese es el paso más grande que hasta ahora ha dado el feminismo en nuestro país. Estoy segura de que en muchas comidas familiares de este domingo por la tarde, se va a tocar el tema, y eso es un triunfo.

No nos vamos a detener, aún tenemos muchas cosas que destruir y desnormalizar. 

Seguiremos.

Decretos para el corazón.

Se ha dicho muchas veces (mucho tiempo) que el show tiene que seguir.

Es duro, es fuerte, hay que ponerle coraje. 

Pero es necesario volver a reír.

Habrá veces que necesites volver a llorar, y está bien.

Pero vas a tener que reponerte y seguir.

La depresión te dirá las peores cosas al oído, tendrás miedo, tendrás tristeza, tendrás el ánimo por lo suelos. 

Pero no te puedes detener. Tienes que seguir. 

Un paso que después son cien a la vez.

Pasarán muchos amaneceres, muchos atardeceres, muchas luciérnagas, muchas estrellas fugaces, y aún así, a veces seguirás sentándote a llorar.

Pero tendrás que seguir, tendrás que volver a tejer todo lo que se rompió en ti. Tendrás que volver a aprender a hacer desayuno con café y música de fondo, y reír.

Pero también habrá muchos otros momentos en los que todo será paz, en los que tus ojos se perderán en el mar y el mar te curará.

Porque exactamente ese el decreto:

curarás. 

M-I-E-D-O

Darle el control al miedo hace que no te puedas mover. Hace que te caigas cuando tal vez no te ibas a caer pero tenías miedo de caer. Te enclaustra. Te provoca sentimientos que no puedes nombrar, y esos son los sentimientos más peligrosos.

Te encarcela, te pone barreras que no existen. Te vuelve sediento en medio de un lago. El miedo te hace no decir, no hacer, no aventarte, no vivir. Pero también te puede hacer lo contrario. Te sustituye y actúa por tus deseos reales.

Al miedo hay que verlo a los ojos, aceptarlo, y no dejarlo. No hacerlo nuestro. Al miedo hay que usarlo, mantenerlo a raya, mantenernos atentos a no dejarlo entrar a casa. Al miedo nunca hay que bienvenirlo. Ni rechazarlo. Al miedo hay que aceptarlo y derribarlo antes de que él nos derribe.