Pájaros que cantan de noche III.

Cerrar los ojos.

Para verte. Para sentirte.

Recordar cruzar miradas.

Recordar sentirte.

Donde mis manos podían tocarte.

Cerrar los ojos.

Como único recurso.

Para reanudar el futuro.

Reanudar el tiempo.

Que se detuvo.

Ante mis ojos, ante los tuyos, ante los del mundo.

El mundo se apartó, se ausentó.

El futuro se volvió nostálgico.

Y esa no fue la única paradoja.

El pasado se volvió presente.

Porque el presente se detuvo.

Por eso, de noche, por la ventana de los ojos cerrados. Te busqué.

Así como se busca a los pájaros.

A los pájaros que cantan de noche.

Pájaros que cantan de noche II.

Buscar donde no hay nada para encontrar.

Mirar abajo, mirar arriba, pensar y no hablar.

Desear y no actuar. 

No moverse porque todos los movimientos son falsos.

Ilusiones que no llevan.

Caminos que no conducen.

Surgimientos que no eran inicios.

Emociones que eran ficciones.

Personajes que no existen.

Un guión sin lector.

Un discurso que estoy cansada de repetir.

¡Que se abra el telón, que se caigan las ideas, que no tengo nada más que decir!

No hablarás de la magia en vano.

In-finito

Háblame de lo real. De lo existente en tiempo presente, de lo finito en tiempo futuro, porque en esas líneas me muevo. 

Es esta existencia que inició y tendrá fin.

Es ahora, no mañana, no ayer, donde te quiero sentir. Donde quisiera que subieras al escenario a recitar poemas de media noche.

Como pájaros…

…que cantan de noche.

Fin del mundo 2020

Soy nadie. La autoridad moral con la que escribo esto es de alguien que en medio de su existencia, se le cruzó una pandemia. Alguien regular, con sueños y dificultades comunes.

Todo esto lo digo a modo de presentación, y a modo de conclusión: de una vez les advierto que cuando acaben de leer esto, sólo habrán obtenido la opinión de un humano regular.

Pero ¿qué más da si soy alguien o no soy alguien? El orden mundial de las cosas está cambiando, se hablará de estos días en los libros de historia, los humanos nos acordaremos del 2020 como el año en el que tuvimos tanto miedo de algo que no podíamos ver, que nos tuvimos que esconder. Suena a historia de terror, excepto porque es real. Hasta cierto punto es real. Hasta cierto punto es de terror.

Humanos del futuro: por favor, no vayan a creer que el Fin del Mundo fue como lo idealizamos y romántizamos durante tantos años, quisiera decirles otra cosa, pero la realidad es que el Fin del Mundo del 2020 no fue como lo imaginamos en las películas, ni en las obras de arte, ni siquiera como los psíquicos nos advirtieron que sería. Es decir, el fin del mundo estuvo hasta cierto punto de hueva. 

El Fin del Mundo fue más una escena infantil, en medio de la noche y sus tinieblas, cuando te cubres con las sábanas, porque tienes miedo de lo que hay afuera, de lo que no puedes ver, pero de alguna forma sientes. Así, pero de la vida adulta.

Habemos algunos que no hemos podido quedarnos del todo debajo de las sábanas, porque aunque sabemos que si nos calmamos podremos respirar, el aire se nos acaba, nos sentimos sofocados, necesitamos bocanadas de aire frío, aunque ello podría resultar en una pérdida irreparable. En una enfermedad para nosotros, pero también para los que amamos. Nos llaman irresponsables.

Otros han actuado estoicamente, criticando desde sus redes sociales, compartiendo información que ni ellos mismos leen completa y que solo sirve para que en el internet de las cosas haya más confusión. 

Unos han actuado en negación. Otros han sido más funcionales que nunca. Siempre que hablas con ellos están “tapados” de trabajo. Algunos han desdeñado la situación y otros más han cundido en pánico. Muchos tienen papel higiénico suficiente para el resto de los siguientes finales del mundo.

Lo cierto es que todos hemos estado viviendo de incertidumbre, pero no es que la vida no haya sido incierta desde siempre, si no que la incertidumbre ocupó las planas de todos los diarios de todo el mundo de todos los twitters de todos los Presidentes de todas las Naciones, de todas las pláticas.

¿Yo?

Yo me siento azul. Nunca me gustó que la comunicación con otras personas tuviera que ser por medio de pantallitas, antes de que todo esto pasara ya criticaba el tiempo excesivo que pasamos pegados el teléfono. Pero los tiempos nos dieron a todos en la cara, no nos está quedando de otra, todo está pasando por conferencias telefónicas, por llamadas virtuales, los humanos hemos dejado la realidad y brincado a la virtual. Espero que después de esto todos valoremos mucho más el tiempo real y podamos dejar nuestros teléfonos de lado.

La realidad es que todo esto del Fin del Mundo es un desmadre. Todo empezó por posponerse y no sabemos si decir posponer sólo es una forma de no deprimirnos de todo lo que ya no vamos a hacer. No sabemos cómo será volver a estar con muchos humanos en el mismo lugar. ¿Conciertos?, ¿Fiestas?, ¿Restaurantes?. Pero cuando acabe, seguro el mundo no volverá a ser el mismo. Todos tendremos nuevas preguntas, y cubrebocas.

Pero justo ahí está el punto. Este podrá ser el Fin del Mundo, pero los que hemos vivido varios finales, sabemos bien que cuando los mundos se acaban, siempre vuelven a empezar nuevos mundos.

Así que si tenemos suficiente suerte, nos vemos en el siguiente mundo.