M-I-E-D-O

Darle el control al miedo hace que no te puedas mover. Hace que te caigas cuando tal vez no te ibas a caer pero tenías miedo de caer. Te enclaustra. Te provoca sentimientos que no puedes nombrar, y esos son los sentimientos más peligrosos.

Te encarcela, te pone barreras que no existen. Te vuelve sediento en medio de un lago. El miedo te hace no decir, no hacer, no aventarte, no vivir. Pero también te puede hacer lo contrario. Te sustituye y actúa por tus deseos reales.

Al miedo hay que verlo a los ojos, aceptarlo, y no dejarlo. No hacerlo nuestro. Al miedo hay que usarlo, mantenerlo a raya, mantenernos atentos a no dejarlo entrar a casa. Al miedo nunca hay que bienvenirlo. Ni rechazarlo. Al miedo hay que aceptarlo y derribarlo antes de que él nos derribe.

Intensidad III

Se acabaron los eclipses.

no me siento lista.

Di todo.

lo prometí.

lo cumplí.

me rompí.

Tengo la certeza de que estás en tu propia batalla, 

mi amor.

Sé que también te despiertas confundido,

que a veces lloras.

Que a veces extrañas,

                        sin saber qué es lo que extrañas.

Entiendo que necesitas liberar.

Mi amor, 

                lo sé. 

Te quiero gentil, te quiero valiente, te quiero desatado, te quiero libre.

Por eso,

callo.

Por eso me desdoblo en sentimientos que quiero volver correos,

para después,

aceptar que no tengo lo que necesitas que te dé.

…y entonces,

callar.

me contengo, me retengo, me ausento, intentando darte lo que necesitas.

Silencio,

                 mi amor.

Silencio por fuera.

….mar adentro quisiera explicarte,

que la marea me lleva a un lugar en el que no tengo control.

…que la luna tiene dos lados,

que en uno de esos lados, siempre vas a estar tú.


·

Daría muchísimas cosas (todas muy hermosas) por despertar y que fuéramos el más hermoso reflejo matutino (yo en tus ojos, tú en los míos).

Te dejaría dormir, aunque (como siempre) tendría muchas ganas de que despertaras para ya poder platicar (y besar).

Cuando despertaras (como te gusta), ya habría desayuno y café (desayunos que dicen te amo).

Cuando abrieras los ojos, (que suerte) te echaría mil y un sonrisas, y te dejaría ser lo que sea que tengas que ser (Por que eso es lo que más quiero de ti, que seas).

Cuando por fin me veas, te buscaría las cosas más bonitas del mundo, para enseñártelas (como si con ello pudiera dártelas).

Como si dándotelas, también pudiera hacerte sentir (de nuevo) lo mejor del mundo.

Si pudiera… (si supiera cómo poder).

Intensidad

II

Que despiertes y escojas liberar.

Que despiertes y decidas desdoblarte.

Desdoblar tus sueños.

Que despiertes y quieras abrazarlo todo.

Que despiertes y decidas abrazar tus felicidades, tus miedos, tus soledades y tus plenitudes.

Abrazar tus sueños.

Que despiertes y encuentres el amor.

Que despiertes y puedas amarlo todo, lo brillante y lo oscuro.

Amar tus sueños.

Que despiertes y puedas seguir.

Que despiertes y puedas seguir expandiéndote. 

Expandir tus sueños.

Que despiertes y lo veas todo.

Que despiertes y encuentres el equilibrio en todo.

Equilibrar tus sueños.

Que despiertes y te puedas seguir moviendo.

Que muevas todo, lo que se fue y lo que llega.

Despertar, dejar ir, dejar venir, encontrar, mover, poder, decidir, tus sueños.

Que despiertes y sepas que eres un alma con un cuerpo y no un cuerpo con un alma. 

Intensidad

I

Ahí estuve otra vez:

`De noche camino a casa´

De noche aquí, en donde más siento.

De noche, traspasando las luces de la ciudad.

sola. 

Con un nudo en la garganta.

Algo me falta.

Regreso sin lo que salí a buscar.

Estuve ahí, de noche, brillando, multicoloreándome. 

Estuve intentando soñar.

Pero aquí estoy otra vez.

¿El resúmen de esta noche? Visible, risible, repetitivo.

Otra vez: soy `demasiado´.

Demasiados colores, demasiado mar, demasiado cielo, demasiado mantos estelares, demasiados vientos, demasiada intensidad.

Me lo han hecho saber tantas veces, que me podría acostumbrar.

A lo que no me puedo acostumbrar es a ellos.

A la gente que no desdobla.

A la gente que no se desdobla.

Que se queda en la primera esquina.

A los que de lejos creen haberlo visto todo.

No me acostumbro a los que ven el azul y se resisten a su inmensidad.

Vamos a contar

¿Cuántos somos?

Hay que contarnos.

Los que todavía creemos, los que todavía necesitamos, los que todavía estamos <dispuestos>.

Los valientes, nos llamarán. Aunque por ahora sólo nos llaman los soñadores.

¿Cuántos somos?

Hay que contarnos.

Los que nos hemos caído y nos hemos levantado, los que no hemos encontrado paz en la versión oficial de las cosas, los que no creemos en los filtros de instagram.

Los que no estamos listos para seguir hundiéndonos. Los que queremos tomar otra dirección.

¿Dónde estamos?

Los que nos levantaremos a ver el amanecer, los que cerraremos los ojos a las redes sociales, los que aún nos atrevemos a cruzar miradas con otros humanos.

¿Dónde estamos los que todavía queremos amar?

Solo los que saben ver, verán la luna.

¿Dónde estamos?

Me gusta pensar que aún no todo está perdido.

Me gusta creer que tal vez los humanos entenderemos a tiempo.

Pensar que tal vez los que decidimos estar en esta parte de la historia humana tenemos una razón de ser y haremos lo necesario para salvarnos antes de que no haya nada más por hacer.

Que mañana vas a tomar la bici. Que hoy estás gestionando todo para que la industria en la que trabajas reduzca sus desperdicios. Que estás meditando y conectando con lo real. Quiero pensar que estamos en camino al cambio, a la conciencia.

Que las costumbres cambiarán, que dejaremos de creer que trabajar mucho y vivir poco nos hace humanos exitosos. Que tener sin compartir realmente no es tener. Que tener por tener más, sin importar que los demás no tengan, no es tener, es padecer.

Me gusta pensar que educar con empatía será más importante que exponer a nuestros hijos a estimulación temprana, a kinders con circuitos cerrados y 3 a idiomas. Que por fin entenderemos que la cosa no está educar niños para que sean adultos más competitivos, si no educar niños para que sean adultos que estén más conectados con lo importante.

Que los humanos entenderemos que el dolor de otros también es nuestro.

Me gusta pensar que hay opciones, que estamos a tiempo de parar la histeria y que la vamos a parar antes de que sea demasiado tarde.

Quiero creer que no soy la única que extraña la vida sin internet.

Creer que estamos en proceso de desconectar, para conectar.