Decretos para el corazón.

Se ha dicho muchas veces (mucho tiempo) que el show tiene que seguir.

Es duro, es fuerte, hay que ponerle coraje. 

Pero es necesario volver a reír.

Habrá veces que necesites volver a llorar, y está bien.

Pero vas a tener que reponerte y seguir.

La depresión te dirá las peores cosas al oído, tendrás miedo, tendrás tristeza, tendrás el ánimo por lo suelos. 

Pero no te puedes detener. Tienes que seguir. 

Un paso que después son cien a la vez.

Pasarán muchos amaneceres, muchos atardeceres, muchas luciérnagas, muchas estrellas fugaces, y aún así, a veces seguirás sentándote a llorar.

Pero tendrás que seguir, tendrás que volver a tejer todo lo que se rompió en ti. Tendrás que volver a aprender a hacer desayuno con café y música de fondo, y reír.

Pero también habrá muchos otros momentos en los que todo será paz, en los que tus ojos se perderán en el mar y el mar te curará.

Porque exactamente ese el decreto:

curarás. 

·

Daría muchísimas cosas (todas muy hermosas) por despertar y que fuéramos el más hermoso reflejo matutino (yo en tus ojos, tú en los míos).

Te dejaría dormir, aunque (como siempre) tendría muchas ganas de que despertaras para ya poder platicar (y besar).

Cuando despertaras (como te gusta), ya habría desayuno y café (desayunos que dicen te amo).

Cuando abrieras los ojos, (que suerte) te echaría mil y un sonrisas, y te dejaría ser lo que sea que tengas que ser (Por que eso es lo que más quiero de ti, que seas).

Cuando por fin me veas, te buscaría las cosas más bonitas del mundo, para enseñártelas (como si con ello pudiera dártelas).

Como si dándotelas, también pudiera hacerte sentir (de nuevo) lo mejor del mundo.

Si pudiera… (si supiera cómo poder).

Intensidad

I

Ahí estuve otra vez:

`De noche camino a casa´

De noche aquí, en donde más siento.

De noche, traspasando las luces de la ciudad.

sola. 

Con un nudo en la garganta.

Algo me falta.

Regreso sin lo que salí a buscar.

Estuve ahí, de noche, brillando, multicoloreándome. 

Estuve intentando soñar.

Pero aquí estoy otra vez.

¿El resúmen de esta noche? Visible, risible, repetitivo.

Otra vez: soy `demasiado´.

Demasiados colores, demasiado mar, demasiado cielo, demasiado mantos estelares, demasiados vientos, demasiada intensidad.

Me lo han hecho saber tantas veces, que me podría acostumbrar.

A lo que no me puedo acostumbrar es a ellos.

A la gente que no desdobla.

A la gente que no se desdobla.

Que se queda en la primera esquina.

A los que de lejos creen haberlo visto todo.

No me acostumbro a los que ven el azul y se resisten a su inmensidad.

Las Personas que se van I

Las personas que se van.

Capítulo uno.

 

Por Ran.

 

Millones de opciones, millones de posibilidades, todas sucediéndose al mismo tiempo, la vida.

La vida de todos los humanos está conformada por espirales, yo llevo en este espiral cuatro años, es decir mil cuatrocientos sesenta días. Este espiral tiene nombre, su nombre es el tuyo. ¿Cuánto tiempo llevas tú en tu espiral?

Son las tres de la mañana y tu ausencia me despierta. Me pregunto, en medio de los sordos y continuos sonidos de la madrugada, cómo es posible que una ausencia te pueda despertar. Cuanta calamidad hay en la vida. No debería de ser así. Esta vez no debería ser así. Las otras diez, veinte, treinta, perdí la cuenta, tal vez si. Pero esta vez me porté a la altura de las circunstancias, o de menos, ese es mi sentir. Desde la orbita en la que todo explota y en la que no he dejado de pensar en ti, te escribo. Son las tres de la mañana y te has ido.

Pero no sólo te escribo a ti, le escribo a quien lea, a quien escuche, a quien comparta mi sentir. Le escribo a los mudos, a las sombras, a los que se les ha roto el alma y deambulan por las calles, esperando a que el sol vuelva a salir. Here comes the sun.

Fue la Navidad del 2015, la más cruel de las apuestas. Fue la Navidad del 2015 en la que me susurraste al oído que todo iba a estar bien. Fue esa y no otra Navidad en la que por la mañana, con los ojos irritados de poco dormir y el corazón hinchado de mucho sentir, camino a la ciudad, pusimos Here Comes the Sun. Dije: esta será nuestra tradición, cada Navidad pondremos a los Beatles. Que amargo me sabe ese recuerdo.

Ahora esa es la magia que hay sobre cada uno de los recuerdos que tengo de ti y de mi, la magia de la amargura. Toda felicidad, toda risa, todo tiempo prospero y pasado tu lado, ahora me aparece con el filtro de la amargura. Todo lo dulce se vuelve amargo.

Pero no sigas leyendo si no estás listo para arder. Porque en las sombras de lo que estás a punto de leer, se esconden escenas artificiales, momentos reales, visiones trémulas.  No sigas leyendo si no estás listo para sentir confusión. Pero sobre todo, no sigas leyendo si tienes miedo.

Dicho lo anterior, démosle forma a lo que están a punto de leer. Una serie de veinte capítulos que describirán en más de una ocasión lo que se siente estar vivo. Pero vivo en serio, no vivo de esos que viven a medias, recatándose todo el tiempo, conteniéndose todo el tiempo y criticando a los que no somos así. Detente ahora y no después si la parte más emocionante de tu vida, es estar al tanto de lo que está pasando en la vida de los demás. Este breve relato de mi vida y de mi no vida, definitivamente no es para ti si eres de los que sabe en dónde estará exactamente en una semana, o en dos, o en un mes. Este relato no es para ti, si en tu vida todo lo emocionante lo entiendes como drama.

Estas letras son para los incorrectos, para los que no se encuentran, para los que aún tenemos fe.

Nos vemos en el siguiente capítulo.