M-I-E-D-O

Darle el control al miedo hace que no te puedas mover. Hace que te caigas cuando tal vez no te ibas a caer pero tenías miedo de caer. Te enclaustra. Te provoca sentimientos que no puedes nombrar, y esos son los sentimientos más peligrosos.

Te encarcela, te pone barreras que no existen. Te vuelve sediento en medio de un lago. El miedo te hace no decir, no hacer, no aventarte, no vivir. Pero también te puede hacer lo contrario. Te sustituye y actúa por tus deseos reales.

Al miedo hay que verlo a los ojos, aceptarlo, y no dejarlo. No hacerlo nuestro. Al miedo hay que usarlo, mantenerlo a raya, mantenernos atentos a no dejarlo entrar a casa. Al miedo nunca hay que bienvenirlo. Ni rechazarlo. Al miedo hay que aceptarlo y derribarlo antes de que él nos derribe.

Intensidad

I

Ahí estuve otra vez:

`De noche camino a casa´

De noche aquí, en donde más siento.

De noche, traspasando las luces de la ciudad.

sola. 

Con un nudo en la garganta.

Algo me falta.

Regreso sin lo que salí a buscar.

Estuve ahí, de noche, brillando, multicoloreándome. 

Estuve intentando soñar.

Pero aquí estoy otra vez.

¿El resúmen de esta noche? Visible, risible, repetitivo.

Otra vez: soy `demasiado´.

Demasiados colores, demasiado mar, demasiado cielo, demasiado mantos estelares, demasiados vientos, demasiada intensidad.

Me lo han hecho saber tantas veces, que me podría acostumbrar.

A lo que no me puedo acostumbrar es a ellos.

A la gente que no desdobla.

A la gente que no se desdobla.

Que se queda en la primera esquina.

A los que de lejos creen haberlo visto todo.

No me acostumbro a los que ven el azul y se resisten a su inmensidad.

Bajo esa ocurrencia ya no pudimos amarnos.

Nos dieron ojos para ver, y con ellos vimos y nos vimos. El cielo, el mar, el bosque, el fuego y la vida.

Nos dieron manos para tocar, y con ellas tocamos y nos tocamos. Lo frío, lo caliente, lo húmedo y lo constante.

Nos dieron piernas para caminar, y con ellas recorrimos y nos recorrimos. La ciudad, la playa, la carretera y las circunstancias.

Nos dieron oídos para escuchar, y con ellos escuchamos y nos escuchamos. La música, las palabras, la mar y las risas.

Nos dieron juventud, y nos dieron tiempo, nos dieron ganas y nos dieron coincidencias. Lo único que no nos dieron fue eternidad y bajo esa ocurrencia, ya no pudimos ni vernos, ni tocarnos, ni caminar, ni escucharnos. Ni amarnos.

It’s just a bunch of feelings that we have to hold…

Cuando por la ventana salen volando sin control nuestras ilusiones. Esa sensación de vacío permanente en el estómago que nos lleva a sentir que nos ahogamos, que nos falta el aire. Enfrentarse a la parte de la vida que no tiene piedad, sobrevivir al vértigo.

El dolorcito fastidioso en Do sostenido que se nos incrusta en el alma y en la mente. El incansable metrónomo entre lo que es y lo que fue. Creer que el amor tenía mucho más potencial, caminar con la intención de sobrevivir.

Contar hasta tres… uno, dos…. Se necesitan nervios de acero para acabar con algo que no quieres que acabe. Sobrevivir a la crueldad que invade tus venas cuando aceptas que lo que quieres que siga no puede sobrevivir sin lo que ya no quieres que siga, entonces ninguna de las dos podrá seguir sucediendo.

Verse ante el espejo, aceptar la soledad, aceptar las derrotas, aceptar las tormentas y empeñarse en dejar de sentir miedo ¿a las flores les duele crecer?.

27

Sentir que toda la tristeza existente en el universo se ha venido a parar a tu corazón. Luchar con todas tus fuerzas para sacarla, querer empujarla, concentrarse una y otra vez, querer que se vaya. Sentir la felicidad tan cercana pero tan momentánea, deleitarse con breves espacios de la vida en los que sale el sol. Para después, en medio del insomnio que te da todos los días, saber la verdad, esa en la que no es posible mentir, mentirse a uno mismo es imposible. Saber que no hay día en el que no te preguntes cuándo se secaran las lagrimas para siempre. Pensar que llegará, pensar que un día despertarás y no recordarás la última vez que fuiste triste, no tener ni siquiera tiempo para pensar que alguna vez fuiste triste. Perder la esperanza, sentir los años pasar, esto ya no es un juego de niños, ya no estás en la prueba y ensayo. Tienes las decisiones frente a ti, y las tienes que tomar, porque aunque no las tomes, ellas te toman. Tener miedo de que las cosas nunca vayan a cambiar, no querer que pasen los años sólo para un día despertar arrugada, olorosa, cansada, vieja, triste y sola. Sentirse cada día más y más y más confundida. ¿Cuándo es el final?.

Hilo

Se me olvidó escribir. Se me fueron las letras, me las sacaron como un hilo suelto que se iba destejiendo desde mi espina dorsal.

Ayer regresaron. Fue un momento curioso, como del que lleva una penitencia entera sin poder estornudar, sin poder llorar, sin poder rascarse las comezones del alma. Me senté, y todo corrió como un río, las lágrimas, el adiós, el pensar que por fin este dolor empezaría a sanar.

Me deje ir, porque te deje ir. Me contemplé en la inmensa oscuridad a la que tanto temía y sentí un profundo alivio impulsado de la idea de que hasta aquí llegó el dolor.

Otoño 26

Desperté para darme cuenta de lo que por meses he intentado ignorar. Desperté para aceptar que no me encuentro.

Busqué en mis libros, los abrí uno a uno y sólo encontré hojas en blanco. Alguien borró la tinta de mis libros.

Escarbé en mi cama, en mis sábanas, debajo de mi almohada. Alguien se llevó mis sueños.

Pensé en ir a buscarte, pero me encontré con una cara sin rostro, con unos dedos sin huellas y un pasado que no me dejará mentir.